RELEYENDO AL PARALÍTICO DE BETESDA

Juan 5:5  “Y estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo”


En Jerusalén hay un estanque o una piscina de once metros de largo por treinta de profundidad. Está rodeado de cuatro pórticos màs una puerta llamada de las ovejas. Allí había un hombre que hacía 38 años estaba postrado. Era un hombre que sufría por mucho tiempo una parálisis que lo tenía postrado 


Lo primero que hace Jesùs con este enfermo es preguntarle algo que para cualquiera no es lógica: ¿Quieres ser sano?  La pregunta va directa al corazón de cualquier humano. Es una pregunta que golpea tremendamente la fe y el conocimiento de un enfermo no solo del alma pero también del cuerpo.  Por lo consiguiente, esta pregunta es para muchos de nosotros. 


¿Quieres ser sano?  Porque es un hecho que aunque físicamente estemos sanos del cuerpo, nuestra alma está enferma. Nuestro interior tiene pústulas del pasado que nos duelen en ciertos momentos.  Llevamos dentro de nosotros un cúmulo de recuerdos amargos y dolorosos que nos persiguen y nos enferman dentro de nuestro ser.  El paralìtico le responde: Lógico, Señor.  Estoy aquí por tanto tiempo y necesito sanidad. Tengo una vida horrible. Tengo una vida tan llena de culpas, de fracasos y de dolor que ya no puedo màs. Tengo tantas deudas que lo único que me queda es la soledad y quizá el destierro. 


Muy bien, muchacho, eso lo se. Conozco tu vida. Sè por lo que has pasado y por lo que estás pasando. Por eso te pregunto: ¿Quieres ser sano?  ¿Quieres curarte o quieres seguir rumiando tus amarguras y fracasos?   ¿Quieres seguir culpando a la vida por lo que te ha pasado?  ¿Por lo que te ha negado? ¿O quieres seguir viviendo en esa condición lastimosa, en esa condición deplorable de lástima, culpa y condenación?  ¿Quieres ser sano?  ¿Quieres dejar atrás la culpa? ¿Quieres dejar de vivir en ese estado tan calamitoso? 


Jesus no está haciendo esas preguntas solo porque si.  Jesus no se está burlando del estado calamitoso de este enfermo. Jesùs no hace eso. Jesùs está llevando a este hombre a ponerlo entre la espada y la pared. Lo está confrontando con su realidad, lo está llevando al límite de su verdad.  Jesùs le está poniendo un espejo frente a su cara para que realmente se vea como es y como está. Yo ya sé como estás. Sè que todos te han abandonado. Sè que para tu familia ya no vales nada. Que para tus hijos no eres lo que crees ser. Que ellos no te pueden decir tus verdades por miedo o porque no saben como hacerlo, pero esa es tu verdad. 


Por eso te vuelvo a preguntar: ¿Quieres ser sano? ¿Quieres salir de ese estado en el que culpas a todos menos a ti? Porque recordemos que despues de su sanidad, Jesùs le dijo algo que solo ellos dos sabían: “Vete y no peques mas para que no te venga una cosa peor” ¿Cuál era ese pecado del pasado que lo tenia postrado?  No lo sabemos ni nos interesa.  Juan lo oculta. 


Jesùs le pregunta al hombre: ¿Quieres ser sano? Y quizá en un grito de angustia, el hombre le responde: ¡Si, si quiero!, pero ¿como?  Llevo tantos años aquí esperando tirarme al agua pero no logro llegar porque otros me ganan.  Llevo 38 años, 25 años, 10 años, los que sea que usted o yo llevemos, no podremos salir de ese estanque. apestoso y sucio a menos que Alguien nos ayude. 


Jesus le está diciendo al hombre: ¿Quieres ser sano? Porque todo lo que has probado no te ha podido sacar de donde estas. Pero Yo si puedo. ¿Crees que yo si puedo sanarte si quieres?  Si es así, toma tu lecho y vete de aquí. Camina hacia una nueva vida. Anda a encontrar un nuevo dìa, un nuevo sol, una nueva experiencia. Toma tu fracaso y vete. Toma tu amargura y vete. Toma tu vida mediocre y vete a empezar de nuevo. 


¿Cual es su condición que lo tiene paralizado actualmente?  ¿Cual es su condición secreta que nadie conoce solo Jesús y usted? Él quiere sanarlo. Claro, quiere sanarlo si usted quiere. 

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