NO TODOS QUIEREN


Génesis 24:8  “Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre de este mi juramento…”


Es asombroso como muchas personas desprecian el mensaje del Evangelio. Uno no se termina de explicar cómo pueden haber personas que prefieren seguir una religión en vez de una relación.  Claro, estoy hablando como un hombre que no entiende del todo la naturaleza humana. Estoy expresando pensamientos puramente humanos porque yo andaba igual.


Uno de mis profesores me acaba de enseñar algo que muchas veces pasa por alto en nuestra cultura latina: Que no somos nosotros los que buscamos a Dios. Él nos buscó a nosotros. Muchas veces decimos: “cuando encontré a Jesus…” pero no fue así. Él me encontró porque su Evangelio está lleno de historias y parábolas en donde nos enseña que éramos por naturaleza hijos de pecado. Éramos una moneda perdida, pisoteada por el pecado, humillados y tirados en la vera del camino de la vida llena de tierra, polvo, suciedad e inmundicias. Éramos la oveja perdida en los basureros de la religión, del orgullo y la soberbia. Eso éramos. No nos engañemos. 


Es por eso que asistir a una iglesia de lujo creyendo que allí se congregan personas de alto perfil moral, personas que no deben haber pecado “mucho” porque tienen dinero, lujos, nombres ilustres o porque vienen de familias de abolengo social, vamos a estar entre gentes que nos pueden servir como motivos de orgullo o -como si fuera un club social-, nos vamos a relacionar con la flor y nata de la iglesia…Mmmm, estamos muy pero muy equivocados.


Sencillamente -y esto va a doler-, la verdad es que Dios escogió la hez del mundo, lo peor de la tierra, los leprosos, prostitutas y nicodemos de hoy para mostrar su Gloria y su Bondad al habernos buscado para que formáramos parte de su Cuerpo que es la Iglesia.  No importan las alfombras, los aires acondicionados, el pastor elegante y de dientes brillantes, no importan los púlpitos de lujo y las grandes plataformas que hoy adornan muchos templos: Todos somos del mismo barro. Todos -como Adán y Eva-, nos escondíamos de Dios porque no queríamos tener nada que ver con Él. Nos escondimos en la religión, nos escondimos detrás de otros árboles inmundos para que no se viera nuestra desnudez hipócrita y falsa. 


Creer que porque cada domingo nos reuníamos en una elegante catedral con preciosos adornos imitación del oro, con vitrales traídos de Italia y pisos de mármol de Venecia podíamos estar en paz con Dios. Esa era la falsedad de la religión. Pues allí era donde nos escondíamos de Él precisamente, creyendo que haciendo un sinfín de parafernalias religiosas ya bastaba para que Él se sintiera contento con nosotros.


Error muy craso amigos. No era por allí la cosa. Así como Rebeca no se imaginó que el siervo de Abraham andaba buscando una esposa para su hijo Isaac, así nosotros no nos imaginamos que el Siervo de Dios, el Espíritu Santo nos estaba buscando para llevarnos como esposa escogida al Hijo del Padre.  La diferencia entre Eliezer, el siervo de Abraham que le puso varias pruebas a Dios para saber quien iba a ser la escogida, a nosotros no nos pusieron pruebas. Sencillamente el Espíritu Santo nos recogió del polvo y la ceniza, nos limpió y nos presentó al Novio.  Otra vez, entendamos: No fuimos nosotros quienes buscábamos a Dios, fue Él quien envió a su Espíritu para convencernos que estábamos en pecados y delitos, que estábamos sujetos a la Justicia de Dios a menos que nos volviéramos al Salvador que estaba esperando encontrar a su Esposa. 


Esa fue la instrucción de Abraham para que su siervo cumpliera su mandato. “Anda y busca una esposa para mi hijo. El Dios mío te dirá como hacer para identificar a la escogida. Anda y búscala…”


Pero en la instrucción hay algo que se nos pasa por alto y es lo que muchos predicadores no quieren aceptar: Hay personas que no quieren ser parte de la esposa. Despues de cada mensaje, insisten en rogar, suplicar, casi ponerse de rodillas para que acepten el plan de salvación que Dios ofrece. Pasan un buen rato rogando a los incrédulos que se levanten de su silla y pasen al frente a hacer su oración y nadie lo hace a veces. Incluso se atreven a profetizar: “El Señor me muestra que aquí hay una persona que necesita…” Claro, todos necesitan, no solo una, pero hay que usar subterfugios para meterle miedo a alguien para que acepte la invitación. No podemos creer que hay personas que no quieren nada con el Verdadero Dios.


¿Que le dijo Abraham a Eliezer ante la pregunta que le hizo? Si la mujer que tú crees que es la futura esposa de mi hijo no quiere venir, déjala. Tú ya cumpliste tu misión. Quedas libre de tu compromiso. Pero a mi hijo no me lo llevas allá en donde no lo quisieron.  Y otro detalle: ¿Y que hago con los camellos cargados de regalos? Me los traes de regreso. No puedo darle los regalos de mi hijo a quien no quiera amarlo y aceptarlo. Me los traes de regreso. Así de sencillo.  Dios sabe que mucha gente quiere los camellos llenos de regalos pero no quieren al Hijo. Él es el Verdadero regalo al mundo. 


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