CRASO ERROR


Isaías 57:11  “¿No es acaso porque he guardado silencio por mucho tiempo

que no me temes?”


Tuve un conocido que fue un muchacho muy entregado al Señor. Era un joven muy educado, culto y muy espiritual. Lo conocí por varios años y siempre lo veía entregado al Señor, sirviéndole con sus dones musicales y proféticos.


Hablaba tres idiomas. Español, ingles y francés. Cualquiera diría que ya tenía todo lo que necesitaba: Una buena carrera profesional (era profesor universitario), cristiano, joven y con un extenso conocimiento de la Biblia.


Pero de pronto se fue enfriando en su servicio al Señor. Se empezó a alejar de la congregación. Perdió el ímpetu por su servicio en el altar y sus dones se fueron apagando poco a poco. 


Todos en la congregación se extrañaron del cambio que se fue produciendo en su vida espiritual. Empezó a faltar a los cultos entre semana. Luego dejó de asistir uno que otro domingo alegando que su trabajo no le dejaba tiempo. Hasta que se ausentó por completo. 


Mi esposa le hablaba constantemente para hacerlo volver a su anterior vida espiritual. Lo exhortaba, lo aconsejaba y le rogaba incluso que volviera a su ministerio en el Altar. Todo fue en vano. Solo sonreía ante las súplica y no respondía nada. Ninguna explicación. Así pasaron varios años.


Hasta que nos enteramos que estaba ingresado en un hospital de la ciudad con cáncer terminal. Lo fuimos a visitar en su cama de enfermo y estaba totalmente desconocido. No era ni la imagen de aquel joven lleno de vida, jovial y guapo que habíamos conocido. Ahora era un pedazo de piel arrugada, sin color y sin vida. 


Murió a las pocas semanas. En la flor de su juventud. 


¿Qué había sucedido? 


Muchas veces los cristianos se confunden porque Dios no les manda fuego del cielo para castigarlos. Se confían en que Dios no les golpea fuerte mientras ellos están haciendo su propia voluntad y viviendo vidas que -según ellos-, son el culmen de la experiencia humana. Empiezan por darse un poco de descanso dizque sabático. Empiezan a faltar un poco a la iglesia. Dejan sus privilegios creyendo que para Dios eso es lo más normal de la vida cristiana. Dios guarda silencio. No dice nada. No les golpea, no los ataca ninguna enfermedad, siguen siendo prósperos y a veces aún más que antes, comienzan a vivir lejos de la Presencia del Dios que los equipó para que pusieran a su servicio los dones que les dio. 


Seguramente en su fuero interno quizá desean volver a ser lo que fueron antes pero algo les impide hacerlo. Dios ya no les habla. Solo observa como sus vidas se han vuelto simples, sin color y sin ninguna emoción. 


Y como Dios no les dice nada, pierden el sentido de la realidad. Creen que todo está bien. Que pueden seguir viviendo en su mundo de fantasías y carnalidades. El enemigo de nuestras almas les hace creer que eso está bien. Que Dios no se enoja porque uno de nosotros nos demos un pequeño gustito en la vida que él nos dio. Empezamos a reunirnos con personas que no creen en la Divinidad de Jesús y eso va mermando poco a poco -como en el caso de los sodomitas-, la fe en aquel Dios al que sirvieron antes con tanto amor y pasión.

Dios sigue guardando silencio. Esperando que despertemos a la verdad del camino equivocado. Esperando día tras día a que una mañana nos despertemos y nos demos cuenta que no estamos en el camino correcto.  Que nos hemos alejado tanto y nos hemos enfriado tanto que ya el Calor de su Presencia no nos hace falta. 


El silencio de Dios lo confundimos con tolerancia. Lo confundimos con que Él está de acuerdo con nuestro estilo de vida. Confundimos su silencio con que a Él no le afecta en la más mínimo que nos demos un descanso en nuestra búsqueda de la santidad. Pero eso es un error que sale caro. 


Porque cuando Dios empieza a hablar, lo hace con amor, cierto, pero también pidiendo cuentas en la cama de un hospital, en la celda de una cárcel, en un divorcio, en una quiebra financiera, en la pérdida de una familia, en la pérdida de un trabajo.


Es por eso que la sentencia dicha en Isaías es de tomarla en cuenta: “¿No es acaso porque he guardado silencio por mucho tiempo que no me temes?”. 


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