LA GRATITUD

El patriarca Job dijo: Desnudo vine y desnudo me voy. Hay tantos ejemplos en la vida misma que cuando nacemos no traemos nada. Aún el aliento de vida que recibimos y que nos hace vivir, ese aliento pertenece al Señor. De manera que cuando morimos, devolvemos el aliento. ¿No se ha dado usted cuenta que cuando un niño acaba de nacer aún no respira? Hasta que inhala aire en sus pulmones es cuando cobra vida. Pero cuando una persona muere, exhala el aire de sus pulmones. O sea que devolveremos todo lo que hemos recibido...

Entonces... ¿A qué tanta petulancia con las cosas materiales? ¿Dueños de qué nos creemos? Todo pertenece al Señor. Todo. Y Él bondadosamente nos lo presta para que lo administremos. Somos mayordomos, no dueños. Pero, para comprender esto, hay que tener una buena dosis de humildad y por sobre todo, de agradecimiento. El Señor espera que mostremos gratitud por lo que inmerecidamente nos brinda. ¿Por qué hay tanta gente que no tiene lo que disfruta usted? ¿Será porque usted es buena gente? ¿Porque usted es mejor que ellos? Nada de eso es cierto. Le diré porqué usted tiene lo que no tienen otros... Para que usted lo comparta con ellos. Eso dice la Escritura. Trabaje para darle al que no tiene. ¡Wow! eso sí que dolió. Menos mal que quien lo dijo fue Pablo y no yo. Así que si quiere tirar piedras tíreselas a Pablo. Pero esa es la realidad de la vida. El Señor busca gente que pueda manejar SUS bienes. Todo lo que nos da es para darle al necesitado. ¡Bueno! Y, si son necesitados... ¿por qué no se los da a ellos? Aquí está el detalle, como diría Clavillazo. Hay gente que no sabe dar. Hay pobres que son tan pobres que nunca comparten su pan con nadie. Son pobres no porque no tengan sino porque no comparten. Ellos son los necesitados. ¿Se ha preguntado qué hacen con el dinero que colectan en las esquinas los viejecitos que piden? ¿En qué lo gastarán? ¿Con quien lo compartirán? Nunca he visto a alguno de ellos estrenando ropa, zapatos o bastón. Sin embargo cerca de mi casa hay una esquina en donde el mismo anciano todos los días, aún el domingo, se pone a pedir. Y casi todos le damos. Por una sencilla razón: Es un necesitado. Y a mi no me toca juzgar por qué. Solo sé que es un necesitado y Dios me da suficiente para que lo comparta con él y muchos otros en mi trayecto a mi destino...

Nada es suyo. Nada es mío. Todo es de Dios. Él nos ha confiado sus propiedades para que en Su Nombre le demos a otros. ¡Ah! y no piense que es solo dinero: Si usted tiene una mano, ayude al que no tiene ni una. Si usted tiene dos brazos, abrace al que no tiene nada. Si a usted le sobran zapatos, dele al que no tiene nada. Si le sobra pan, comparta con el hambriento. Si le sobra gozo y risas, compártalas con el que sufre...Si realmente pensamos en ello, todo lo bueno que tenemos en nuestras vidas vino del Creador. Después de todo, ¿hay alguna forma de que pueda venir de nosotros? Cuando existe gratitud en nuestra conciencia, expandimos la abertura para que más abundancia llene nuestras vidas. Todos, sin importar cuántos desafíos tengamos, tenemos cosas por las cuales sentirnos agradecidos. Haga una lista de gratitud el día de hoy y observe cómo la vida cambia.

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