NO ERA EL FINAL, ERA EL PRINCIPIO
Juan 5:14 “…Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor” El hombre ha estado treintiocho años postrado con una parálisis que lo ha tenido en una camilla llena de mugre, suciedad y abandono. En el Israel del primer siglo existía la creencia que cuando una persona quedaba enferma por mucho tiempo sin ser sanada, era señal que Dios lo tenía castigado. Que su pecado había sido tan grande y horrendo que el mismo Dios le había dado la espalda. Eran personas sin esperanza, sin fe y sin un asidero humano de quien esperar un favor o una misericordia. Al haber perdido la fe en el Dios de su pueblo, no le quedaba más remedio -al igual que a sus compañeros lisiados en el estanque Betesda-, que creer en algo más superficial. En el movimiento del agua. Era la idea que cada cierto tiempo un ángel removía la superficie del agua del estanque y el que primero se echara al agua quedaría sano. Eso tenía a aquel lugar lleno de enfermos, paralíticos y parias....