¿Y USTED QUE DICE?



Juan 8:5  “…Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres; ¿tú, pues, qué dices?”


En los tiempos del Segundo Templo, había por lo menos siete judaísmos. Cada uno tenía una interpretación diferente de la Torah o sea la Ley de Moisés.  Despues de la segunda guerra mundial, el judaísmo se partió en dos: Los asquenazies que son originarios de la zona del Rin o sea Alemania y Francia. El otro es el compuesto por los sefardíes, o sea los de origen español y que antes se llamaba Sefarad, que poblaron Europa y que fueron expulsados por los reyes españoles y enviados a Latinoamérica y otras partes del mundo. 


De estos dos grupos se desprenden una cantidad indefinida de “ramas” del judaísmo actual. Por lo tanto, el judaísmo de hoy no es granítico. Existen una serie de ramas en que cada uno tiene un concepto diferente sobre la Ley de Moisés.


Algo así había en el judaísmo del Segundo Templo. Cada grupo o rama tenía sus propias conclusiones. Por lo tanto, cuando los escribas y fariseos le llevaron a Jesús una mujer sorprendida en adulterio, nos damos cuenta inmediatamente los que estudiamos la conducta social, que allí había ciertos conceptos muy propios de la época.


Para los fariseos y escribas, en el caso de un adulterio, solo la mujer pecaba de tal cosa. El hombre quedaba excluido. Esto era así porque desde la antigüedad, el hombre podía ser polígamo sin mayores consecuencias. Cuando vemos las vidas de los patriarcas como Jacob, Abraham y David por ejemplo, la poligamia era aceptada. Pero solo en el hombre. Nunca en la mujer.


Es por eso que en el pasaje de Juan 8 la historia gira alrededor de la mujer. El hombre no aparece porque nos damos cuenta inmediatamente la corriente judía de quienes están retando a Jesús a que dicte sentencia ante esta situación. De allí en la actualidad, los asquenazies tienen esa escuela de pensamiento, pero no así los sefardíes.  En lo personal me he asustado cuando he escuchado a más de algún pastor evangélico enarbolar la bandera asquenazíe, justificando así sus vicios y aberraciones sobre la Palabra de Dios que ordenó: No cometerás adulterio, no importa si eres hombre o mujer. 


Pero no me quiero ocupar del adulterio en sí ni de la conducta de esta mujer que fue avergonzada por los legalistas de su tiempo. Lo que me interesa señalar en este escrito es la pregunta: “¿Tú, pues, que dices?”


Porque hasta el día de hoy que ya no hablamos solo del judaísmo sino también de los evangélicos, debemos aceptar que hay varias clases de evangélicos: Los reformados. Los legalistas. Los liberales. Los ortodoxos. Hay toda una gama de evangélicos, todos amparados bajo la creencia un un solo Dios y un solo Salvador, Jesucristo, pero que divergimos en las interpretaciones que nos legaron nuestros maestros que nos engendraron en la fe en Jesús.


Es por eso que la pregunta sigue vigente para muchos de nosotros: ¿usted, pues, que dice de la minifalda? ¿Se puede tomar licor en las fiestas anuales tradicionales? ¿Se puede comer carne de cerdo o solo de vaca?  ¿Hay que cantar con instrumentos eléctricos o solo con palmadas?  ¿Pueden las mujeres predicar a toda la iglesia o solo en las reuniones de damas? ¿Es correcto subir al púlpito de la iglesia en camiseta llena de figuras de demonios, con tenis y con anteojos oscuros como los raperos de moda? 


¿Se ve correcto que los músicos del grupo de alabanza en la iglesia se pongan sombreros imitando a los artistas del mundo? ¿Que dice usted sobre las Iglesias que cuando sube el pastor ponen luces de colores y echan humo artificial sobre el altar? ¿Que dice usted que en muchas congregaciones el pastor está predicando sentado como si fuera un rabino?  ¿Usted que dice del pensamiento evangélico que la mujer no puede predicar pero si puede cantar en el púlpito?  ¿Será que las palabras habladas son diferentes a las palabras cantadas?


¿Usted que dice de los pastores que mantienen a sus esposas haciendo comidas, cuidando niños y jugando cuchubales mientras él predica un montón de mentiras familiares, sin que haya un testigo que diga lo contrario, ¿que opina?


Los escribas y fariseos hicieron una sola pregunta y Jesús no se tomó la molestia de responderles. En vez de eso se puso a escribir en el polvo, como diciendo: Ustedes no saben lo que hablan.  Así estamos nosotros con ese montón de preguntas que puse arriba. No sabemos lo que hablamos. Por eso dijo Pablo: Cuando Cristo venga entonces Él nos declarará todas las cosas. Mientras tanto, mejor sigamos predicando, creyendo y cuidando nuestras vidas.

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