CUANDO PERDEMOS NUESTRO LINAJE

1 Samuel 25:2-3  "Y había un hombre en Maón que tenía sus bienes en Carmel; el hombre era muy rico y tenía tres mil ovejas y mil cabras; y estaba en Carmel trasquilando sus ovejas.  El hombre se llamaba Nabal, y su mujer se llamaba Abigail. Y la mujer era inteligente y de hermosa apariencia, pero el hombre era áspero y malo en sus tratos, y era calebita"


En esta historia de la vida real que sucedió hace miles de años en donde se mezclan el romanticismo, el pragmatismo, la bondad y la misericordia, hay varias lecciones que tenemos que aprender de sus protagonistas.


La historia es apasionante. Es como una historia novelesca de amor.  Un hombre heredero de un linaje especial, que en sus venas corría sangre de victoria y de valor, era riquísimo. Tenía muchas ovejas y cabras. Cuando la escritura dice que era “rico” se refiere tambièn a que era poderoso. Era un hombre muy valiente para enfrentar los desafíos de la vida de todo ganadero. Estaba casado con una mujer hermosa, muy educada y muy inteligente.  Por sus venas corría un linaje de reina.


Un dìa, Nabal estaba trasquilando sus ovejas. Era dìa de fiesta porque la lana de sus animales le daría suficientes recursos para aumentar su riqueza. De pronto, aparecen diez jóvenes que èl no conocía y le dan un mandado de parte de su líder: De lo que tengas a mano, por favor compártenos un poco para nuestras necesidades.  Nuestro líder te manda decir que tus pastores han estado con nosotros y les hemos defendido de las bandas de ladrones para que no tocaran nada que fuera tuyo. Ahora David, nuestro líder, te pide un poco de reciprocidad. 


Nabal, que para èl lo importante no era la reciprocidad de algùn bien recibido, les ultraja, les insulta y pone en duda quienes son: ¿Y quien es David?  Pero aqui descubre su falta de empatìa porque inmediatamente dice: ¿Y quien es el hijo de Isaì? O sea que Nabal sabìa perfectamente de quien le estaban hablando. Pero su corazòn ya estaba lleno de arrogancia y orgullo. Su fortuna lo había endurecido tanto que les negó un poco de ayuda en alimentos. Cuando llegan donde estaba David esperando, le dicen la forma tan áspera con que les trató Nabal. David se enfurece y ordena a sus soldados que se prepararen para darle muerte a Nabal y a toda su gente. 


En ese momento, Abigail, la esposa del ingrato, toma un poco de provisiones y se adelanta a llegar donde David para calmar su ira. Abigail logra tranquilizarlo  con la generosa ofrenda que le presenta y David entra en razón y suspende los planes que tenía. Abigail dice algo muy importante sobre su esposo Nabal: Verso 25: “ruego a mi señor que no haga caso a este hombre indigno (que también significa hijo del diablo) porque según su nombre así es èl. No le hagas caso. Cuando tú seas rey, tu conciencia no te acusará de haber hecho algo malo. Càlmate. 


Ahora bien: La pregunta que surge en medio de toda esta historia es: ¿Como es posible que una mujer tan inteligente, culta y educada se ha casado con un hombre tan cruel e indiferente a las necesidades ajenas? ¿Como fue posible que esta hermosa dama con herencia real, se haya fijado en un hombre que no era nada sensible al dolor ajeno?  ¿Cómo fue que se casó con una persona tan malagradecida del bien que ha recibido? Para eso, tenemos que estudiar el linaje de Nabal: Nabal era del linaje de Caleb. ¿Quién fue Caleb? ¿Quién fue Jefone? 


Caleb, de la tribu de Judà fue un lìder guerrero en los tiempos del Èxodo cuando fueron a explorar la tierra prometida. Su fe en que Dios podìa vencer a los gigantes, le ganò el privilegio de heredar el territorio de Hebròn.  Siendo hijo de Jefone, un hombre nativo de la tribu de Quenaz y de quien no se dice nada màs, se habìan unido a la tribu de Judà. Por lo tanto, heredaron un linaje de realeza ya que de Judà iba llegar el Rey de Israel un dìa.  Caleb, conociendo ese linaje que habìa que cuidar, se esmerò en agradar a Dios y èl lo bendijo a través de Josuè cuando le dio su territorio: Nùmeros 14:24. 


De ese linaje viene Nabal: Era heredero de una casta de reyes, de gentes que adoraban a Dios, que habìan heredado un territorio que nadie les podía quitar. Eran gentes de futuro. Personas distinguidas y de alto nivel espiritual. Eso fue lo que vio Abigail cuando se casó con Nabal. Ella vio que el linaje de su esposo se podía replicar en sus hijos. Que ella sería heredera de esa sangre que su ancestro Caleb le había legado a su esposo.  Ella creyó que al casarse con Nabal, su hogar sería un paraíso lleno de paz y armonía por el linaje que su esposo tenía dentro de sus venas. 


Pero no fue asì. Nabal negò su linaje. Lo menospreciò a cambio de las riquezas que su ganado le proveìa, sin darse cuenta que era la bendiciòn de Dios sobre su simiente.  Nabal se llenò de orgullo por las bendiciones que habìa heredado de su tribu Judà y se volviò un hombre “indigno” o sea no digno de compasiòn y misericordia.


Esta historia puede ser la nuestra. Podemos fàcilmente olvidar que somos bendecidos por el linaje que hemos heredado de nuestro Señor Jesùs quien nos ha hecho “reyes y sacerdotes” para su reino no para el nuestro. 


Preguntémonos: ¿Qué vio nuestra esposa en nosotros para habernos aceptado como el hombre que la iba a proteger, cuidar y bendecir?  ¿Qué vio nuestra esposa en nosotros para habernos confiado el privilegio de ser su sacerdote, su compañía en sus momentos de necesidad?  ¿Qué vio su congregación en usted para aceptarlo como su pastor y maestro? ¿Que vio su jefe cuando lo contrató para que trabajara en su empresa?


Esta historia puede ser la nuestra si nos llenamos de orgullo y decepcionamos a nuestra esposa, a nuestra familia y a nuestra congregación, o a nuestro jefe al creer que lo que hemos logrado es por nuestro esfuerzo, por nuestros estudios o nuestra inteligencia. 


Como Nabal, podemos caer en el engaño de las riquezas materiales y olvidar que aquellos diez jóvenes que llegaron, eran los diez mandamientos que Dios le había enviado para que recordara la Ley de Dios. Pero Nabal los ignorò. 


Y su final fue triste y vergonzoso. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

DESATADLO Y DEJADLO IR. (Jn. 11:44)

LA NIÑERA Y SUS "BUENAS" INTENCIONES... (Parte 1)

Aquí estamos nuevamente...