MIENTRAS HAYA TIEMPO
Juan 12:3 Y 7 y 8 “Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro que costaba mucho, ungió los pies de Jesús, y se los secó con los cabellos, y la casa se llenó con la fragancia del perfume…Entonces Jesús dijo: Déjala, para que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis”
Tenemos que ser francos: No siempre tenemos tiempo para dedicarle a Jesús y darle lo que le corresponde. Somos gentes de agendas. Somos gentes que no siempre tenemos tiempo para leer la Biblia, no siempre tendremos tiempo para asistir a la iglesia. No siempre. A veces se nos atraviesan compromisos que no teníamos en agenda y de pronto nos encontramos con que no pudimos ir al servicio del domingo.
Son cosas que llegan a nuestra vida sin que las pidamos. La esposa de pronto, el domingo amanece con un tremendo dolor de vientre y hay que llevarla al hospital. Un hijo, despues del desayuno dominical, empieza a vomitar lo que comió y hubo que llevarlo a la emergencia. Se nos arruinó el plan que teníamos de ir a la iglesia a adorar al Señor y de pronto todo se rompió. Todo se tuvo que cambiar. Y lógicamente, ya no pudimos ir al culto. Cierto sentido de culpa nos llena el corazón porque habrá que esperar otros ocho días para poder ir y reunirnos con los hermanos.
Son cosas que pasan.
María, la hermana de Lázaro, a quien Jesús ha resucitado hace unos días, ha recibido la visita de Jesús que como siempre lo hacía, ha llegado para tomarse un descanso en su casa. Para María, que su hermano haya vuelto a la vida gracias a la intervención de Jesús, tiene algo pendiente de hacer: Agradecerle con algo el milagro que hizo en la vida de su hermanito. Hay algo que María ya había presentido porque los movimientos políticos y religiosos en Jerusalem le indicaban que tanto Jesús como sus discípulos están siendo acechados por los sacerdotes para darle muerte. Sin duda ha escuchado comentarios de los encargados del Sanhedrin que estaban ofreciendo recompensa a cualquiera que lo entregara en sus manos para darle muerte.
María sabía que su amigo Jesús, a quien tanto amaba, pronto podría ser muerto. Y quiere aprovechar el momento en que está en su casa para darle primero, un “gracias” por lo que ha hecho en su hermano Lázaro.
A diferencia de muchos de nosotros que no somos agradecidos con Jesús por lo que ha hecho con nuestros hijos, con nuestro matrimonio y con nuestras finanzas, no somos agradecidos y no le damos a Jesús ninguna muestra de agradecimiento. Somos indiferentes a la obra de bien que nos ha hecho y en nuestros corazones no brota la más mínima muestra de hacer algo para mostrarle nuestro agradecimiento. María rompe ese concepto egoísta de muchos de nosotros y no duda en invertir en el Cuerpo de Jesús un perfume de nardo puro, de mucho valor económico, pero no le importó derramarlo sobre él, porque fue su manera de darle gracias por el milagro operado en su hermano.
Pero algo más importante: quiere ungirlo como se acostumbra con los muertos, con un perfume y que sea lo mejor que haya para preservar su cuerpo, para que, cuando muera y se empiece a descomponer, el fétido olor de la muerte no sea tan notorio. Desde ese momento, para María está cumpliendo un requisito judío que no pudo hacer con su hermano. Recordemos que cuando Jesús llegó a Betania para llamar a la vida a Lázaro, según el llamado de Marta, cuando Jesús llegó la misma Marta le dice “ya hiede”. Quizá María no tuvo el tiempo, la disposición o los recursos para ungir el cuerpo de su hermano, fue por eso que a los cuatro días el olor de la muerte ya llenaba el espacio de la tumba.
Ahora Jesús está en su casa. En pocos días seguramente los sacerdotes tomarán prisionero a Jesús y lo matarán como se ha estado escuchando en la ciudad. María, entonces, no duda en hacer algo mientras haya tiempo: Ungir a Jesús con su perfume. Para María no hay opción de hacer lo que tiene que hacer mientras haya tiempo. No vaya a ser que el día de la sepultura de Jesús ella no pueda hacerlo como sucedió con Lázaro. No. Hay que hacerlo ya. Antes que algo se interponga en mi camino y no pueda cumplir con lo que la Ley sacerdotal me ordena: Ungir el cuerpo de un muerto. Todo lo demás puede esperar. El dinero que invertí en el perfume pude dárselo a los pobres pero en este momento, Jesús es más importante que los pobres. Puedo esperar a que termine de cenar o descansar, pero no sea que algo me impida cumplir con mi deber de honrar a Jesús. Debo hacerlo ya. Mientras haya tiempo.
Seis días despues, Jesús es muerto en la cruz. Era sábado. El domingo resucita y pasado el día de reposo, Marcos 16:1 nos dice “María Magdalena, María, la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle”. ¡Oh sorpresa! Jesús ya no está en la tumba. Ha vuelto a la vida. Ellas, sus perfumes y especias aromáticas llegaron tarde. Ya María de Betania había cumplido con ese deber. Mientras hubo tiempo.
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