EL CORAZÓN DE JESUS
Juan 6:5 “¿Dónde compraremos pan para que coman estos?”
Jesùs es sorprendentemente bondadoso. Nunca en todo su caminar por esta tierra se aprovechò de quienes le seguían. Es cierto, los exhortaba, los guiaba y los enseñaba pero para que tuvieran el conocimiento de la Vida Eterna que èl vino a ofrecerles a ellos y a nosotros. Pero nunca esperò nada de nadie. Se entregó totalmente a su ministerio y a cumplir su propósito de dar antes de recibir como le reveló a Pablo en algún momento de intimidad.
En este pasaje de sus señales como las llama Juan, Jesùs está a la orilla del mar de Galilea que en realidad no es un mar sino un lago, pero por su tamaño los habitantes le llaman mar. Jesùs está en la playa y la gente le ha seguido porque han visto las señales que ha hecho anteriormente en Galilea. Unos pocos por cierto. Había sanado al hijo de un oficial del rey, luego en el estanque Betesda sanó a un paralìtico que llevaba 38 años postrado.
Todo esto tuvo que hacer un impacto en la vida de los habitantes de aquel lugar. Por lo tanto, cuando supieron que estaba a la orilla del mar de Galilea, llegaron hasta donde èl estaba. Al ver la gran multitud -que el verso 10 nos dice que eran màs de cinco mil-, hizo algo que nos debe servir de lección a nosotros los de este siglo:
No aprovecharnos de la gente.
Cinco mil hombres, màs unas miles de mujeres, màs otros miles de niños era una cantidad muy grande de personas. Cuando Jesùs subió al monte para dar su Palabra, lo primero que vio fue esa gran cantidad de personas esperando algo de Èl.
Y aquí viene el drash: ¿Qué hubiéramos hecho nosotros ante tal avalancha de gentes entrando a uno de los mega templos que existen hoy en dìa? ¿Qué pensamientos hubieran cruzado en la mente de uno de los pastores amantes de la multitudes para que llenen las sillas de sus iglesias? ¿Qué deseos insanos habría albergado en su corazón el líder general de una congregación a donde esa cantidad de personas lleguen un domingo en la mañana? ¿Qué hubieran pensado los encargados de la ofrenda al ver todo ese gentío llenando su templo?
Pero Jesùs no pensò en nada de eso. Lo primero que brotó en el corazón de Jesùs fue: ¿Qué les daremos de comer? ¿De donde sacaremos suficiente pan para alimentarlos?
Esta pregunta de Jesùs a sus ayudantes es una bofetada al orgullo ministerial de muchos de nosotros que solo vemos beneficio propio cuando las personas llegan a donde estamos para escuchar lo que tenemos que decirles y darles como mensajeros de Dios. Esas gentes que esperaban al pie del monte donde estaba Jesùs no solo era pan material, pero también pan espiritual. Y Jesùs lo sabìa. A èl no le interesaban los aplausos de aquella multitud. No le interesaba la aprobación a su mensaje. No esperaba palmaditas en la espalda ni fotos ni luces ni cámaras publicando en sus redes esa gran cantidad de gentes a los pies del monte esperando que abriera su boca y les diera palabras de bálsamo a sus dolores, palabras de fe a sus necesidades, palabras de enseñanza para sus vidas familiares. Eso esperaban ellos de èl y èl lo sabìa.
Es por eso que su pregunta va màs allà del pan que èl ya sabìa lo que iba a hacer. Dejemos por un momento a sus discípulos pensando en lo material y vayamos màs profundo de la pregunta: ¿que le podemos predicar a estas gentes? ¿Qué mensaje les podemos dar para saciar su hambre espiritual? Ellos han escuchado de las sanidades que Jesùs ha hecho anteriormente en esos lugares, ahora ellos quieren experimentar en su propia vida algo de aquellas señales y prodigios que Jesùs ha hecho.
Jesùs, en su pregunta nos muestra la Bondad que siempre brota de su corazón, nos muestra que lo primero para él no es la cantidad de personas que lo visitan, no, lo primero que piensa es qué darles de comer. Lo que le interesa es llenarles su corazón con Palabras de esperanza y liberación con palabras de sanidad del pecado llevarlos al conocimiento de la vida abundante que él tiene para ellos. Llevarlos a un nivel espiritual como no lo ha hecho ni Gamaliel, ni Caifás ni Anás mucho menos el César.f
Fue por eso que les dijo a sus discípulos: Hagan que se sienten. Que descansen. Que estén atentos al pan que se les dará. Díganles que se sienten y esperen lo que tengo para ellos.
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