DIOS ARREGLANDO EL CAOS
Génesis 19:37-38 “Y la mayor dio a luz un hijo, y lo llamó Moab; él es el padre de los moabitas hasta hoy. Y en cuanto a la menor, también ella dio a luz un hijo, y lo llamó Ben-ammi; él es el padre de los amonitas hasta hoy”
¿Conoce usted el dicho popular que dice: “de tal palo, tal astilla?” O que tal este otro: “hijo de tigre, nace rayado”. Son dichos que nuestros abuelos pregonaron y se fueron quedando en el lenguaje popular de nuestras tierras.
Esos dichos indicaban que así como era el padre o la madre, así eran los hijos. Por lo tanto, no era de extrañar por ejemplo que un padre borracho diera como fruto algún hijo con el mismo vicio. O que una madre que se divorciaba de su esposo transmitiera ese problema a su hija cualquiera que fuera. Y hasta cierto punto es cierto. Pero en la Escritura hay algunas excepciones. Dios es especialista en arreglar el caos que puede haber en una familia, por supuesto, en una familia que es temerosa de Su Nombre y que obedece sus mandamientos.
Es por eso que entre los cristianos nacidos de nuevo ya no aplican esos dichos populares. En las familias temerosas de Dios lo que abunda es la Gracia y la Misericordia y que nosotros, como hijos de nuestros padres biológicos, no tenemos por qué repetir sus conductas si es que no fueron agradables a Dios.
De manera que no podemos escudarnos en que como mi papá fue un irresponsable, yo también lo soy. ¿Acaso Dios no es Poderoso para arreglar nuestros yerros cualquiera que hayan sido? ¿Acaso Dios no tiene el suficiente Poder y Amor como para enderezar las veredas por muy torcidas que nos las hayan dejado nuestros padres o abuelos? Es cierto. En la Escritura hay muchos ejemplos de malas conductas en los padres que llevaron a los hijos o nietos a heredar maldición. Tal fue el caso de Noé cuando se emborrachó y uno de sus hijos, Cam, para ser más exactos, abusó de él y lo publicó con burla y saña. Cuando el anciano despertó y supo lo que su hijo había hecho de él, maldijo al nieto Canaan que hasta el día de hoy acarrea con esa maldición. Aparte que heredó la tendencia mala del padre Cam que le dejó como herencia al ser un adorador del sexo y las pasiones desordenadas.
Pero en medio de todo este caos, Dios siempre tiene la última palabra. De eso se trata este escrito. He estado estudiando por no se cuantas veces más el libro de Génesis y he encontrado unas perlas que me llevan a pensar lo misterioso que es el comportamiento de mi Dios a quien tanto amo y trato de respetar. Pero cuando leo sus accionar a favor del ser humano no deja de sorprenderme como él es tan perfecto y que tiene recursos ilimitados para llevarnos a un nivel de asombro que nos impacta conforme lo vamos conociendo.
Resulta que cuando Lot sale de Sodoma y Gomorra, ciudades que fueron aniquiladas por Dios a causa de su pecado que había acumulado la ira del Señor, se va a refugiar a una ciudad cercana y se esconde en una cueva. Creyendo que allí está a salvo del juicio de Dios, le resulta en una experiencia dolorosa. Muchas veces pensamos que cambiarnos de lugar o de país vamos a mejorar. No es cierto. A veces las cosas se salen de control y sería mejor enfrentar las cosas en donde estamos.
En esa cueva, las hijas de Lot, al ver su ciudad llena de escombros, humeando a causa del fuego y azufre que cayó del cielo, se dieron cuenta que ya no habían quedado hombres para que ellas tuvieran hijos. Así que la mayor ideó un plan: darle vino a su padre en la noche y sin que se diera cuenta (¿¿??), se acostaría con él y así tendría de él descendencia como sucedió. La chica quedó embarazada. Luego le dijo a su hermanita que hiciera lo mismo y asombrosamente otra vez, el padre no se dio cuenta, así que su pequeña también quedó embarazada. Ambas tuvieron un hijo y un nieto de Lot.
Al mayor le puso por nombre Moab. Al segundo le pusieron el nombre de Ben-ammi. Ambos formaron con el tiempo dos tribus enemigas de Israel. Dios prohibió que de ellos ninguno entrara a formar parte del pueblo escogido. Eran hijos de pecado y de incesto y no eran trigo limpio.
Pero pasó el tiempo. Y Dios que tiene planes perfectos, busca entre esas personas alguien que no repita el pecado de sus padres y que le busque de todo corazón. Y encuentra a dos mujeres que fueron eso: Temerosas de Dios. Mujeres que decidieron cambiar el rumbo de sus herencias. Mujeres que decidieron marcar la diferencia. Una de ellas fue Rut, la moabita. Esposa de Booz y abuela del rey David, bisabuela a su vez de Jesús. La otra fue Naama la amonita, esposa de Salomón y madre de Roboam, otro ascendiente de Jesús.
¿Sabía entonces usted que en Sodoma y Gomorra estaba escondida la semilla de la que un día vendría nuestro Salvador Jesucristo? ¿Se puede cambiar entonces la ruta equivocada de los padres cuando se trata de confiar nuestro destino en las Manos Perfectas de nuestro Dios?
¡Con razón él mismo dijo: ¿hay algo difícil para Dios?!
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