¿SABES QUE, NICODEMO?


Juan 3:1 “Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente entre los judíos”


La Biblia muy pocas veces nos habla de la estirpe de sus protagonistas. Esto es así porque para la Escritura, lo más importante es darnos a conocer los hechos, milagros, portentos y maravillas de Dios, antes que el abolengo de sus protagonistas. Toda ella está llena de la Gloria de Dios para que no nos detengamos mucho en conocer las glorias humanas. De otra manera terminaríamos adorando a las criaturas antes que al Creador.


Sin embargo hay escritos de los judíos que se ocuparon de dejarnos información de quienes eran esos famosos personajes que aparecen en las historias bíblicas.  Por ejemplo, el historiador Josefo que es lectura obligada a todo estudiante de cualquier escuela teológica nos informa de los sucesos que afectaron la tierra de Israel y que nos da luz para entender muchas de las profecías escritas sobre ese pueblo y que gracias al historiador nos enteramos con más claridad. 


El Talmud, uno de los escritos más importantes para el pueblo judío, contiene una gran cantidad de información de personas, lugares y hechos en Israel que nos ayudan a entender de qué habla la Escritura. Y es allí en donde encontramos la historia de un personaje muy importante -para el Talmud por supuesto, y ahora para nosotros-, llamado Nicodemo.


Cuando Juan nos dice que “un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, prominente entre los judios” fue a buscar a Jesús una noche, es porque ese hombre era importante. No era cualquier hijo de vecino como se dice. Nicodemo era uno de los tres hombres más ricos de Jerusalem. Y, como todo rico de cualquier época, tenía mucho interés en proteger sus tesoros. Poseía una gran cantidad de terrenos que le producían una buena cantidad de frutos los cuales engrosaban sus finanzas con abundancia. Nicodemo era muy cuidadoso en su relación con los romanos que detentaban el poder en Jerusalem, por lo tanto, lo que afectara a Roma, le afectaba a él. Y, como todo rico y además fariseo, era también un maestro de la hipocresía y la falsedad, además de ser un cobarde.  A esto añadía un estilo muy propio de los ricos: era un adulador de primera. 


Así las cosas, cuando Nicodemo sale de su guarida a buscar a Jesús, lo hace de noche. No a plena luz del día. Tiene miedo que sus compañeros hipócritas y falsos lo vean entrar en la casa donde se encuentra el enemigo número uno de los fariseos. Y de entrada, empieza a hablar como solo él sabe hacerlo: Adulando a Jesús. Le empieza a decir que solo quien tiene el Favor de Dios puede hacer lo que él hace, que es un Rabino muy especial, que si esto, que si lo otro. Nicodemo se deshace en elogios para que Jesús le aclare qué pretende hacer con toda esa gente que se escucha que está poniendo en Jerusalem una olla de presión. Quiere saber cuales son sus planes para el futuro de Jerusalem ya que él tiene que cuidar -como dijimos arriba-, su fortuna y su prestigio. Quiere saber a qué atenerse. Así de fácil.


Pero Jesús, que es un Maestro del lenguaje, no se deja halagar con palabrería que para otros rabinos eran importantes. Así como Nicodemo de entrada le da palabras de halagos, así Jesús, de entrada le dice lo que tiene que decirle: Si no naces de nuevo, no verás el Reino de Dios. 


¿Sabes qué, Nicodemo? A mi no me vengas con palabritas adornadas. A mi no me vengas con frases ensayadas desde que saliste de tu cueva. A mi me vas  hablar claro. Conmigo las cosas son claras Nicodemo. Mi tiempo en la tierra es corto, por lo tanto no me hagas perder el tiempo con pláticas de que si soy esto o lo otro. Conmigo vas a ir al grano. Y si no naces de nuevo no tendrás parte en el Reino de Dios. A mi no me impresiona tu pedigrí social ni financiero. A mi no me asusta tu linaje. Yo no vine a la tierra a recibir honores que solo el Padre me dará cuando regrese a Él. Así que dejemos de lado los adornos lingüísticos y vamos al hueso.  A mi no me impresiona el tamaño de tu iglesia que debo decirte, no es la mía. Es tu templo lleno de negocios, de lujos y de buenos asientos para que la gente se sienta cómoda y se den un buen sueño mientras tú los entretienes. Conmigo no hables de tus títulos ni de tus logros. A mi no me impresionan tus videos en YouTube ni me impresiona el tamaño de tu altar donde te paseas cada domingo mientras das tus platicas motivadoras. Tampoco me impresiona el equipo de alabanza con el que presumes. Primero porque no me alaban a mi sino a ellos mismos. ¿Lo entiendes, pastor? Upss, digo Nicodemo? 


Me hubiera gustado ver la cara de Nicodemo cuando Jesús lo para en seco y le habla del Reino de Dios y no del reino de los hombres a donde Nicodemo pertenecía. 


Bueno, algo bueno salió de esa visita llena de miedo del famoso Nicodemo. Porque para la Gloria del Señor Jesús, cuando estaba colgando de la Cruz, con otro de sus amigotes también rico, llamado José, oriundo de Arimatea, van y descuelgan el Cuerpo de Cristo y a la vista de todos le dan sepultura y lo cubren con aromas para preservar su sepultura. 


Todo empezó con una visita de noche, con una serie de halagos mentirosos y falsos. Jesús siempre gana mis amigos. Por más que queramos llamarlo: Jesucito, Maestro de Galilea, el carpintero de Nazareth o como nos guste. Jesús es Dios y Señor. Así de fácil. 

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