QUITEN ESTO
Juan 2:16 “Quitad esto de aquí…”
Si usted que me lee es un pastor, le voy a caer mal. Está usted advertido. Porque una buena mayoría de cristianos están mal enseñados por sus pastores.
Cuando alguno de los que se congregan con él nota que realmente se siente mal por los pecados en que vive sumergido, que se siente mal por sus vicios escondidos, de esas cosas feas que se hacen en oculto y que nadie ve, solamente el Espíritu Santo y el mismo pecador y le pide ayuda a su pastor, éste, ignorando las Verdades de la Escritura, lo primero que le dice es lo que se le ocurre: “ore, hermano”.
Cuando una hermana se acerca a su pastor para pedirle que hable con su esposo porque este que es diácono de su congregación le pega y la insulta en sus momentos de ira, el pastor muy campantemente le repite su mantra: “ore, hermana”
Y, lógicamente, cuando una señorita que ha caído en fornicación con su novio y que ambos son miembros del grupo de alabanza, le pide al pastor que le de un consejo de como dejar esa relación, lo que el flamante pastor le dice su consabida frase: “ore, hermanita”.
Es decir, todo se lo dejamos a la oración. Y resulta que esas oraciones no tienen ninguna respuesta. El vicioso sigue siendo vicioso pero está orando para que el Señor le quite los vicios. La hermana a la cual su esposo le pega y la insulta, le ora al Señor para que le quite los moretones que éste le deja después de las palizas que le propina, pero resulta que esa oración no tiene respuesta. El hombretón le sigue sonando duro.
Y, por supuesto, la señorita que se siente mal porque cada vez que su novio quien es el director del coro de la iglesia la llega a visitar terminan en el sofá de la sala haciendo cosas que después a ella le remuerde la conciencia y hace lo que el pastor le dijo que orara, pero pasa el tiempo y el Señor no le responde, mientras tanto hay peligro de un embarazo porque no pueden parar. La oración tampoco ha funcionado.
¿Qué es lo que está sucediendo en todos estos ejemplos? ¿Es que realmente la oración no funciona? ¿O es que tenemos que hacer lo que hacían los monjes de la Edad Media que se vestían de cilicio y se golpeaban el cuerpo con unas correas que provocaban llagas y heridas para no pecar contra Dios?
Es aquí en donde radica el problema. Se ha enseñado a los evangélicos que todo hay que dejarlo a la oración. Que el Señor es tan bueno que escucha el clamor de los que necesitan una mano para dejar de hacer las cosas feas que hacen.
Pero Jesús, que no tiene ningún problema a la hora de tomar decisiones, nos ha dejado una instrucción que todos los pastores y líderes evangélicos han pasado por alto: Tomar acción. Es algo personal. Es algo que tenemos que hacer nosotros porque ya el Señor nos ha dado las herramientas para hacer su Voluntad y no la nuestra.
Cuando Jesús llega al Templo y encuentra que los fariseos y sacerdotes habían hecho de la Casa de su Padre un mercado en donde se vendían palomas, cabras, corderos y toda clase de animales para que el pueblo los comprara para sus sacrificios, se dio cuenta que ese lugar, que era el Atrio de los gentiles, un lugar apartado para que los que no eran judíos fueran a orarle al Dios de Israel y él les escucharía, se había vuelto un mercado sucio, apestoso a estiércol, lleno de moscas y mercaderes anunciando cada quien su mercancía. ¿Como iba un pobre gentil pedirle algo al Señor en oración con toda esa bulla? ¿Como iba a poder expresar su dolor o su necesidad entre tanto bullicio insolente? Eso le dolió a Jesús. Y fue cuando empezó a volcar las mesas, abrir las jaulas de las palomas y soltar los corderos para limpiar ese espacio sagrado. Pero la cosa no terminó allí y fue cuando les dijo lo que he usado para poner los ejemplos que puse más arriba: “Quiten esto de aquí”. Yo no tengo por qué hacerlo. Ustedes los pusieron, ustedes los quitan.
Cantora que estás fornicando: No me pidas que te quite el novio. Tú lo tomaste, tú lo dejas. Así de sencillo. ¿Acaso no dice mi Palabra, que huyas de la fornicación? Oye tú, esposa que te dejas pegar por el diácono de tu iglesia, no me pidas que te lo quite o que le diga que no te golpee. No. Hazlo tú. Toma el valor de decirle que un golpe más y te vas de la casa. Entonces Yo te cuidaré. Pero tú tienes que dar el primer paso. ¿Acaso no te dijo Pablo que si tu marido es un infiel y te trata mal, tú no estás sujeta a servidumbre? También te dice mi Palabra: Diga el débil, fuerte soy. Tú no eres una muñeca de trapo, eres mi hija, pero tienes que hacer valer tu valor. Yo no lo voy a hacer. Ya te di las herramientas para que lo hagas. Y, por último, hablo contigo, el vicioso que estas orando para te quite el vicio. Lo lamento amigo, pero yo no te llevo al bar. Yo no te pongo la pornografía ante tus ojos. Yo no te pongo esas revistas que ves en el baño de tu casa. Tú deja de ver la pornografía. Tú apaga el televisor. Tú quema esas revistas.
Si Dios fuera chapin, nos diría algo así como: Hagan algo muchá. No me lo dejen todo a mi. Ustedes quiten eso que les está afectando. Ustedes quítenlo.
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