LOS AMIGOS DE JESUS (parte 2 y final)
Lucas 11:5-6 “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de viaje a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle…”
Leer estas historias que están en la biblia, lo más normal para muchos de nosotros es que sean historias bonitas, apropiadas para enseñarlas en la Escuela Dominical sin darnos cuenta que Jesús enseñó para toda clase de personas… especialmente a los adultos.
Porque somos nosotros los adultos quienes tenemos que aprender de esas historias que, en labios de Jesús, no fueron simples historietas sino grandes lecciones que tenemos que atesorar y permitir que permeen nuestro corazón para hacer los cambios necesarios y podamos dar muestras que realmente somos sus discípulos.
En una ocasión Jesús dijo: “Ya no les llamaré mis discípulos, les llamaré mis amigos si hacen lo que yo les digo”. ¿Qué significado tienen esas palabras de Jesús para nosotros los del tercer siglo? ¿Como entender lo que realmente dijo Jesús en aquellos tiempos del Segundo Templo y a una audiencia que no era latina ni gentil como nosotros?
Pues resulta, mis amigos, que Jesús habla en un sentido general. Habla para todos aquellos ya sean judíos o gentiles, griegos o escitas, bárbaros o cultos. Es para todos los que ahora nos llamamos sus seguidores. El asunto es que ni nuestros maestros o pastores nos han enseñado un poquito de la profundidad de sus palabras sino que se han quedado en la superficie solamente como los zancudos que jamás se zambullen en la fuente.
En la historia de Lucas 11, Jesús nos pide algo. Algo que él sabe que tenemos, de otra manera no nos pediría nada. Y es que el principio Divino es que todos sus hijos hemos recibido algo de sus manos. No nos falta nada porque sus promesas son sí y amén. Por lo tanto, lo primero que tenemos que saber es que lo que tenemos es para que él lo use para su Gloria. El asunto es que desde pequeños se nos ha enseñado a ser egoístas. A pensar solo en nosotros. Como decía mi mama: A ver solo el derecho de mi nariz. Y cuando ya soy adulto, pongo en práctica ese consejo. Todo es mío. Nada se me puede quitar porque todo me pertenece.
Craso error, según la óptica de Jesús.
Porque si el Señor nos ha bendecido es para que nosotros podamos bendecir a otros. No se nos ha dado nada para amontonarlo como aquel sujeto de los silos, guardar para muchos años sin saber que cualquier noche se nos pedirá el alma.
Ser amigos de Jesús tiene un precio: Darle lo que nos pide. Y aquí es donde quiero entrar en finos detalles que están escondidos en esa hermosa historia:
Jesús tiene amigos. Amigos que, en algún momento determinado llegan a su Trono a solicitar algo. Amigos que llegan a pedirle cosas que necesitan y que él está dispuesto a dárselo. Pero por regla general, Él acude a otros amigos para que -por decirlo de una manera-, le den una ayuda. Vamos a ver si me sé explicar:
La hermana Juanita le pide al Señor un par de zapatos que aunque no sean nuevos, le puedan servir para pasar el invierno. Jesús toca la puerta del corazón de la hermana Luisa quien tiene varios pares de zapatos y le pide: Oye Luisita: ¿me prestas un par de tus zapatos para mi amiga Juanita que me los está pidiendo?
O que tal este otro ejemplo: Oye mi amigo Carlos, mi amiga María Elena me está pidiendo un milagro y ya lleva bastante tiempo clamando, ¿podrías tú darme un poco de tu tiempo para ayudarla a orar por su milagro? ¿Podrías dejar de orar por ti y clamar por ayuda para mi amiga María Elena?
Y aquí va otro: El hermano Juan está pidiendo al Señor un poco de provisión para comprarle ropa a sus hijos porque lo que él gana con su trabajo no le alcanza. Le toca la puerta del corazón a su amigo William y le dice: Oye, mi amigo William: ¿me prestarías unos cuantos dólares para mi amigo Juan que los necesita?
¿Cual es la respuesta de los que se dicen amigos de Jesús? Y tomemos algo en consideración: Jesús no dice “regálame” sino “préstame”, sabiendo que Jesús siempre devuelve lo que se le da. ¿Cómo respondemos a esta petición del Amigo Perfecto que es Jesús? ¿Somos realmente sus amigos?
Comentarios
Publicar un comentario