LOS AMIGOS DE JESUS (parte 1)



Lucas 11:5-6 “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha llegado de viaje a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle…”


Dice la Escritura: El que dice que es amigo, debe actuar como un amigo.  Esta palabrita, el día de hoy está demasiado sobada, como decimos en Guatemala. Ya es una palabra que no tiene sentido. En mis años de escuela, allá por los años 60´s o 70´s, todavía podíamos pedir permiso a nuestra madre para salir a jugar con “nuestros amigos” en la calle frente a nuestra casa.


Y a mi hijo varón le enseñé, después de hacer sus deberes en las tardes en casa, que saliera a jugar con “sus amigos” para que aprendiera a socializar y comportarse debidamente viendo la conducta de los muchachos que desde la acera frente a la casa le gritaban su nombre para que saliera a montar su bicicleta y hacer sus juegos con ellos. 


En aquellos tiempos los amigos eran los amigos. Se enseñaban a sí mismos y bajo la supervisión de nosotros los padres, podían ellos aprender a vivir con los desafíos que la vida les presentaba en esos años juveniles.


Hoy no se puede decir lo mismo.  Las redes sociales, los celulares, la televisión y otras cosas han impedido que los jóvenes tengan alguna relación de amistad con los muchachos de la cuadra donde viven. Es más, nunca se conocen quienes son los vecinos que les rodean.  En la escuela es lo mismo. Las tabletas, las malas costumbres, el egoísmo y el egocentrismo ha hecho que esta generación no sepa hacer amigos. Por lo tanto, no saben ser amigos. Los padres ya no digamos. Ya no son amigos de sus hijos. 


El trabajo, las ocupaciones diarias, la iglesia y otras cosas les han robado el privilegio a los muchachos de tener amigos incluso dentro de sus casas. Lo mismo aplica para las niñas. Ya no son amigas de sus madres. Para empezar, porque las madres de hoy no entienden el lenguaje juvenil de sus hijas. No entienden por qué ellas quieren ponerse varios aritos en la cara, en la nariz y en las orejas. Las madres no entienden por qué sus hijas quieren ponerse minifalda cuando en sus tiempos eso no existía. Y si existía por alguna razón, era pecado o deshonesto andar por la calle mostrando una pulgada de piel más de lo necesario.


Sin darnos cuenta, los amigos se terminaron. Y eso incluye la Iglesia del Señor en donde se supone que debemos encontrarnos. Pero la dura realidad es que ya no hay amigos y nadie quiere serlo. Cuando vemos a un joven platicando con una señorita de la iglesia inmediatamente les estigmatizamos culpándolos de que “algo quiere” y se rompe la naciente amistad que bien pudo durar unos buenos años más adelante. Pero se aborta debido a la mente desconfiada de los padres que no quieren arriesgarse a que sus hijas o hijos se comprometan en algún “pecado” que la verdad es que les puedan provocar alguna vergüenza. 


Es por eso que la lectura en el libro de Lucas con respecto al texto que hemos usado en el encabezado ya no aplica para muchos cristianos.  Si no pudimos ser amigos de compañeros, vecinos, padres y alguien más, menos podemos ser amigos de Jesús. 


¿Qué es ser amigo de Jesús?


Según la parábola, un señor, a media noche recibió un huésped inesperado. El protocolo del hospedador obligaba a darle al recién llegado una taza de café con pan. Pero el señor no tiene que darle a su amigo que ha llegado de repente. Entonces va a la casa de su vecino quien considera que es su amigo. Veamos los sustantivos que utiliza Jesús: «Amigo, préstame tres panes,  porque un amigo mío ha llegado de viaje a mi casa, y no tengo nada que ofrecerle


Este hombre pensaba que su vecino era su amigo. Quizá en alguna ocasión tomaron café juntos, se conocían de años, se habían prestado alguna que otra herramienta y posiblemente se habían hecho favores con anterioridad.  Pero ahora la cosa cambia. Es media noche. Su vecino que decía que era su amigo está acostado. La puerta ya está cerrada. Por lo tanto, se niega a atender la petición de su amigo. No lo atiende. Y creo que el vecino se podría haber quedado sin nada que darle a su amigo que está esperando a ser atendido con las cortesías del caso. El amigo tuvo que rogar. Tuvo que humillarse. Tuvo que insistir para ser atendido.


¿Era su amigo entonces? ¿Qué amigo hace esperar a su amigo para hacerle un favor? ¿Se estaba mostrando amigo el vecino ante la necesidad del que necesitaba un favor urgente? Jesús, magistralmente nos muestra la realidad cruda y verdadera. La amistad es cara. La verdadera amistad no se encuentra tirada en las calles. Hay que ganársela. Hay que invertir tiempo, esfuerzo, fe y verdadero compromiso cuando decimos que somos amigos.


Lo demás es parafernalia, mis queridos lectores. Los amigos verdaderos son caros. Son raros. Son una especie que hay que cuidar mucho porque cada día son más escasos. Claro, el Verdadero y Fiel Amigo es Jesús. Y él, tristemente, espera que nosotros también seamos sus amigos. Pero eso lo veremos en otro escrito…

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