YO NO DAÑO A NADIE... (1ra. parte)
Contra ti, contra ti sólo he pecado,
y he hecho lo malo delante de tus ojos,
de manera que eres justo cuando hablas,
y sin reproche cuando juzgas. (Salmo 51:4)
y he hecho lo malo delante de tus ojos,
de manera que eres justo cuando hablas,
y sin reproche cuando juzgas. (Salmo 51:4)
Y ¿qué creíamos? ¿Que al hacer algo malo no ofendíamos a nadie? ¿Que somos libres para hacer lo que queramos? ¿Que para eso nos libertó Cristo? ¿Que somos dueños de nuestro destino? Esas y otras preguntas vienen al caso cuando nos metemos bajo la cobertura del pensamiento del relativismo ético. Esta doctrina del siglo está haciendo un daño tremendo en las relaciones interpersonales. Está dañando las relaciones entre esposos, entre padres e hijos. Está destruyendo la familia, la sociedad y, por ende, la nación. Todo porque creemos que al romper alguna de las reglas que el Señor dijo "no", no le hacemos daño a nadie... Muy bien. Pensamiento relativo. ¿A quien daña un alcohólico? ¿Que no le hace daño a nadie? ¿Y el pan de sus hijos? ¿Y el respeto a su esposa? ¿Y la responsabilidad para con su trabajo? El adúltero... ¿que no daña a nadie? ¿A su pareja no le hace daño? ¿A la otra persona no le miente descaradamente? Y no digamos nada del drogadicto que cree que puede hacer lo que le plazca porque no le hace daño a nadie... ¿Y a la misma imagen de Dios? ¿Acaso porque no cree en Dios no es Su Imagen?
Por eso David, cuando se da cuenta de su pecado de adulterio no se detiene a pensar como muchos de nosotros. Su ética de pensamiento no es como el nuestro. Él se va a lo profundo del problema. Ha pecado contra Dios. No fue contra el esposo de Betsabé. No fue contra ella. Fue contra el Mismo Dios. Porque ambos son la imagen de Dios... Y porque Dios había dicho: No adulterarás. No matarás. Y David hizo las dos cosas. Pecó contra Dios. Y dañó su relación con su Dios, con su familia y con su país... Ya no pudo disfrutar de la paz que Dios quería que tuviera...
¿Y nosotros? ¿Tampoco le hacemos daño a nadie cuando nos amargamos contra alguien? Cuando juzgamos a nuestro prójimo, ¿no nos estamos levantando en lugar de Dios? ¿Acaso somos más justos que Dios? El síndrome de Luzbel nos atrapa cuando juzgamos a alguien y dejamos de saludarlo, de hablarle, de amarlo. Nos levantamos en el lugar de Dios y ofendemos su Santidad y Su Perfección. Porque sólo El es Justo para juzgarnos a nosotros y a todos los demás.
Dañamos nuestra familia cuando juzgamos que fulano o zutano no es digno de ser nuestro amigo. Dañamos a nuestros hijos cuando nos escuchan hipócritamente saludar a otros de quienes hemos hablado mal. Dañamos a nuestro cónyuge cuando compartimos amarguras y rencores que no debieran ser mencionados. Porque predisponemos su corazón y lo inclinamos a lo que nosotros queremos... Y, como enseña David... Pecamos contra Dios. Dañamos su Imagen en nuestra esposa, en nuestros hijos, en nuestros hermanos... Y después lloramos cuando Dios habla y cuando juzga...
El relativismo ético es diabólico. En el Reino de Dios nada es relativo. El pecado no es relativo. El odio no es relativo. El adulterio no es relativo. El rencor no es relativo. Todo eso está prohibido por Dios. Dios no es relativo. Dios es tres veces Santo... no relativamente santo.
Y usted y yo haríamos muy bien en no pensar que "relativamente" no le hacemos daño a nadie con nuestra conducta pecaminosa y egoísta. Sí dañamos a Alguien. Y Ese Alguien es Dios. Y Él es Fiel y Justo para pedirnos cuenta.
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